Zaida Merino es psicóloga y desde hace cinco años trabaja oficiando ceremonias para las familias que despiden su ser querido en los tanatorios que Mémora tiene en la ciudad de Barcelona. La muerte y el duelo ha estado presente en su vida desde muy pequeña, por circunstancias personales, pero nunca hubiera imaginado que su trabajo consistiría en acompañar familias que pasan por este proceso.
Lejos de vivirlo como un trámite, considera que la recepción de las familias es un momento clave, que debe cuidarse al máximo, así como el momento de preparar y oficiar el acto de despedida, una parte del rito funerario que puede ayudar a iniciar el propio proceso de duelo. «Trabajar cerca de la muerte me recuerda el valor de la vida», asegura esta psicóloga, que transmite humanidad por todos los lados.
Trabaja muy de cerca con personas que han perdido un ser querido oficiando ceremonias de despedida. ¿Qué es necesario para acompañar en este proceso?
Formo parte del equipo de recepción y protocolo de Mémora y me encargo, junto a mis compañeros, de recibir a las familias, acompañarlos a la sala, dar respuesta a sus necesidades y después oficiar la ceremonia y prepararla junto a ellos, con una entrevista previa personalizada. Construimos este ritual para ayudar a dignificar y a honrar la vida de la persona fallecida.
Algunas familias piden personalizar al máximo esta ceremonia, mientras que otras prefieren que la ceremonia sea corta, casi como un trámite, y debes respetarlo. Hay que saber leer las necesidades de la familia, crear una confianza, promover la escucha activa y estar presente de manera activa, aunque no dejar arrastrarse por su dolor.
¿Qué valor añadido supone ser psicóloga?
Ser psicóloga no me hace ni mejor ni peor oficiante de ceremonias, porque, a mi entender, la habilidad de sostener y de acompañar al otro nace de la capacidad humana y de la empatía.
Mi formación sí que me ha dado la caja de herramientas necesaria para saber cómo intervenir en un momento de un shock o de de una crisis emocional o de angustia y entender que no siempre se puede intervenir con palabras.
¿Cómo se protege para asistir y gestionar el dolor de las familias?
Es clave saber desconectar al salir del trabajo: en mi caso me ayuda la meditación y ducharme al llegar a casa -el contacto con el agua me reconforta-, también practicar baile y deporte. Descansar lo suficiente también es importantísimo.
En el entorno de la salud se empieza a hablar cada vez más de la necesidad de los profesionales de «cuidarse para poder cuidar.» ¿Este principio debería trasladarse también a los profesionales de los servicios funerarios?
Somos conscientes de ello, aunque no se si, a veces, nos los aplicamos suficiente. En todo caso, en el trabajo nos ayudamos con el equipo y nos apoyamos mucho. He aprendido a poner límites para poder ser próxima con las familias pero intentar no llevarme el dolor ajeno en casa.
Desde hace tiempo a través de las redes, especialmente de Instagram, gestiona el perfil de Palabras al duelo. ¿Cuál es la finalidad de esta cuenta?
Abrí este perfil en Instagram para poner palabras al duelo y a la muerte y ayudar a romper este tabú, al principio escribiendo mis poemas. Pero con el tiempo empecé a crear vídeos para acabar construyendo una comunidad de apoyo, una ventana de acompañamiento emocional a personas que transitan por un proceso de pérdida.
Ha habido alguna historia que como profesional le haya dejado huella especialmente. ¿Qué ha aprendido de las familias?
Desgraciadamente he acompañado a muchas familias, algunas con pérdidas de niños muy pequeños. Me impactó especialmente la muerte del pequeño Blai. Su pérdida fue una sacudida emocional enorme, pero de sus padres me llevé su capacidad para sacar fuerzas y para seguir unidos por el amor.
A raíz de la muerte de Blai, su madre, con quien sigo en contacto, creo el pódcast Un dia més (Un día más), a través del cual ayuda a padres que han perdido a hijos y que están pasando por experiencias similares. Para mi son una lección de vida.
¿Trabajar con el duelo y ayudar a romper el tabú de la muerte le hace ver la vida de manera distinta?
Me ayuda a sobrellevar mejor los miedos en la vida y he aprendido a relativizar algunos problemas que no son importantes.
Mi trabajo es una bofetada de realidad, que te recuerda lo frágil que es la vida y lo importante que es valorar el día a día y los pequeños detalles, a expresar los sentimientos y a no posponer las conversaciones realmente importantes. Convivir todos los días con la muerte nos recuerda el valor incalculable que tiene la vida.
