La primera Navidad con la ausencia. ¿Cómo afrontarla?

Para muchas personas que han perdido a un ser querido, las primeras señales que anuncian la Navidad son vividas con inquietud y preocupación.

Un año más llegan las fiestas de Navidad.  Es difícil pasarlo por alto, pues las calles se iluminan,  los mercadillos típicos con sus puestecillos de pesebres, árboles, plantas navideñas y artesania ocupan los lugares emblemáticos de la ciudad.

Para la mayoría de las personas se trata de una época del año mágica, en la que todo parece llenarse de luz y color con adornos navideños en los hogares, los grandes y pequeños comercios, en las empresas, en cada rincón.

Las familias se reúnen y comparten mesa y los más pequeños están inquietos, esperando con ilusión los regalos que han pedido a Papá Noel o a los Reyes Magos.

Sin embargo, para muchas personas que han perdido a un ser querido, las primeras señales que anuncian la Navidad son vividas con inquietud y preocupación. Sólo pensar en ellas les genera ansiedad, pues se preguntan cómo van a ser capaces de afrontarlas. Incluso hay quienes manifiestan su deseo de quedarse dormidas y despertar cuando una vez hayan pasado.

Hay quienes se plantean hacer un viaje, huir de los recuerdos y de las costumbres de años anteriores. Otras se niegan a reunirse con sus familiares más allegados, quedándose solos en casa, lo que es fuente de conflictos y malestar. Estas reacciones no son más que estrategias que intentan reducir la ansiedad ante situaciones que se anticipan como incómodas y generadoras de malestar y dolor. En un principio pueden llegar a producir un cierto alivio, pero tarde o temprano habrá que enfrentarse a la Navidad, ya que ésta vuelve año tras año.

Otras veces, las personas que se encuentran atravesando un duelo sienten que deben realizar un sobreesfuerzo y aceptan las propuestas de familiares o amigos poniendo sus deseos por encima de los propios. O bien se sienten presionadas por el entorno, “tienes que hacerlo por nosotros” o bien ellas mismas se ponen presión “no quiero estropearles las fiestas”. Así se encuentran unos y otros tratando de esconder el dolor y esforzándose en un intento de proteger al otro.

No existen fórmulas mágicas, pero una recomendación puede ser  darse permiso para sentir y expresar las emociones y, a la vez, tratar de respetar las de los demás familiares,  ya que ellos también están en duelo.

Uno de los temores que suelen manifestarse es el miedo a desbordarse emocionalmente en algún momento delante del resto de la familia. Es algo comprensible y siempre puede uno retirarse unos minutos y volver al salón cuando se sienta preparado. Compartir los miedos con el resto de familiares va a producir un gran alivio y comprensión por parte de todos.

Quizá se puedan buscar nuevas maneras de pasar la Navidad, pensando qué queremos mantener y qué queremos cambiar. Reunirse y hablar del tema de forma clara y honesta ayudará a encontrar fórmulas y a calmar ansiedades.

Incluso puede descubrirse una manera de recordar juntos a la persona querida, como por ejemplo, encender una vela, poner alguna foto, hacer un brindis, etc. Si les tenemos en cuenta, los más pequeños pueden sorprendernos con sus propuestas.

 

Lola Cabrera

Psicóloga