Cuando la gestión del dolor y la muerte salen del armario

El dolor y la muerte ha irrumpido con fuerza en la vida de muchas personas durante la pandemia del COVID19 y también en los medios de comunicación

El dolor y la muerte ha irrumpido con fuerza en la vida de muchas personas durante la pandemia del COVID19. El impacto del coronavirus nos ha hecho ver lo que en el fondo nunca quisimos ver, que como seres humanos somos y seremos siempre vulnerables.

Hablar de la muerte y del sufrimiento nos cuesta como sociedad. Se habla poco de ello en familia, con los amigos, en los colegios, en la universidad, en el trabajo y también en los medios de comunicación.

Hasta el momento, estamos más que acostumbrados a leer y ver sobre la muerte y dolor en guerras que nos parecen lejanas, en las secciones de páginas y sucesos -aquellas que nunca nos tocan a nosotros, solo al resto-, pero poco se habla, en los medios de comunicación, de su gestión, de la pérdida, del duelo.

La pandemia ha dado un vuelco a todo ello y la prensa, la radio, la televisión, pero también las redes sociales, han tenido un rol clave que ha permitido dar el giro. Los medios de comunicación y el periodismo no sólo funcionan como un canal mensajero de la realidad que nos envuelve, sino que tienen un potencial transformador en el propio entorno.

Los primeros días del estado de alarma, Twitter fue un buen termómetro de este giro. En la blogosfera sanitaria, algunos profesionales de la salud, que vivían la crueldad diaria del Covid19, se hicieron eco de historias de pacientes ingresados, pero también de su propio sufrimiento a la hora de gestionar una situación que en algunos casos vivieron como una guerra invisible, donde el enemigo a contrarrestar es un coronavirus silente, pero a la vez virulento, que nos ha puesto más allá de nuestros límites.

Enfermeras que usaban tablets y teléfonos para garantizar que los enfermos ingresados por Covid19 pudieran comunicarse con los suyos, profesionales que contaban la dureza y la soledad a la hora de tratar con los enfermos en sus visitas domiciliarias y otros que, agotados, explicaban el cansancio emocional al llegar a casa, con los suyos.

Poco a poco los medios de comunicación dejaron de centrarse sólo en las comparecencias y las ruedas de prensa, en las que se aportaban cifras, medidas y mensajes políticos, para poner luz y centrarse también en historias humanas, que es la esencia del periodismo y lo que contribuye a acercar la realidad a los lectores.

Rehuyendo el amarillismo, en algunos espacios de radio, televisión y prensa se han dado a conocer casos llenos de sensibilidad, con testimonios cercanos y de los propios ciudadanos que han podido compartir sus experiencias con la pérdida o la muerte causada por el coronavirus, previa edición, selección y montaje por parte de un equipo formado por periodistas.

Los medios de comunicación han contribuido, en tiempo de coronavirus, a socializar la muerte, el duelo y la pérdida. Y también se han hecho eco del impacto que la pandemia, ahora que tanto se habla de un rebrote, ha tenido entre los profesionales de la salud, a quienes los ciudadanos considerábamos supuestamente invencibles, sólo por tener el oficio que ostentan.

La muerte, a la que teníamos tan escondida, ha salido, finalmente, del armario. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Se trata de algo pasajero o es un indicador de un nuevo cambio social, en el que ver, tocar, leer sobre el sufrimiento y la muerte nos hará cambiar de conductas y seguir siendo conscientes que debemos gestionar nuestra propia vulnerabilidad?

No soy demasiado optimista. Sólo hay que salir a la calle. Muchas personas han olvidado demasiado pronto el impacto de la pandemia. Desgraciadamente, cada vez estoy más convencida que habría sido necesario lanzar una buena campaña de comunicación, seguramente con la gestión del duelo y la pérdida de trasfondo, y que dejando de lado los artificios políticos, concienciar a la población de las medidas a afrontar.

Porque tristemente, buena parte de los ciudadanos, que no han vivido las consecuencias del COVID19 en primera o segunda línea, se han quedado sólo con los arco iris y los aplausos de las ocho de la tarde. Que la gestión de la muerte, el sufrimiento y el dolor, aspectos tan necesarios de rescatar, sigan fuera del armario y estén presentes en los medios de comunicación sigue siendo responsabilidad de todos, no sólo cosa de periodistas.

Gemma Bruna

Periodista especializada en salud

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