Afrontando el síndrome del cuidador: desafíos y necesidades

¿Estas al cuidado de algún familiar? ¿Sientes agotamiento, estrés, ansiedad? ¿Sientes que el cuidado no te deja tiempo para ti?

Si has contestado afirmativamente a estas preguntas, puede que tengas el síndrome de la persona cuidadora.

Este es un fenómeno que se produce cuando un familiar o persona cercana asume el rol de cuidador de una persona mayor o dependiente. La sobrecarga que puede experimentar el cuidador principal de la persona mayor puede dar lugar a este síndrome. La sobrecarga puede repercutir notoriamente en la salud física del cuidador, pero sobre todo aparecen repercusiones psíquicas, relacionadas generalmente a la ansiedad y la depresión, frente al desbordamiento que supone el cuidado de dicha persona, ya que el cuidador deja de atender sus necesidades emocionales, situándolas en un segundo plano.

El desbordamiento de esta situación puede causar frustración al ver que no se puede llegar a todo y frente a ello, el cuidador descuida sus propias necesidades, intereses, su entorno y su tiempo libre, pudiendo aparecer aislamiento social, deterioro de la calidad de vida y del tiempo libre, dando lugar al síndrome del «cuidador quemado».

Es interesante tener en cuenta los factores sociales que influyen en el desarrollo del síndrome del cuidador. La falta de apoyo social, de recursos económicos, de formación y conocimiento acerca de la enfermedad, así como la poca conciencia social acerca de la enfermedad de Alzheimer y de otras las demencias son algunos de los factores que pueden influir en el desarrollo del síndrome del «cuidador quemado». Además, es importante que los cuidadores reciban apoyo emocional y psicológico, así como información y formación acerca de la enfermedad de la persona a la que cuidan. También es clave que el cuidador tenga tiempo libre para dedicar a sus propias necesidades y actividades, y que reciba apoyo económico y material para cuidar de la persona con dependencia.

El hecho de que la tarea de cuidado del familiar dependiente recaiga principalmente en una sola persona y que además carezca de formación específica , del apoyo de otras instituciones y agentes sociales, de la comprensión de la sociedad, de la ayuda del entorno próximo y de la implicación de otros familiares, provoca, finalmente ,una serie de sentimientos, sensaciones y emociones que, lejos de contribuir al buen desarrollo de la tarea de cuidado, la dificulta y entorpece.

El familiar se siente aislado, solo e indefenso para afrontar su tarea, incomprendido por el entorno familiar, alejado de sus amistades y además se siente culpable por desatender a su propia familia nuclear –marido, mujer e hijos–. La sensación de no llegar a todo, no estar cumpliendo bien con su función de cuidador le lleva a sentir tristeza, ansiedad, estrés, frustración o culpa, lo que puede provocarle un deterioro de su propia salud mental.

Tradicionalmente, en el seno de todas las familias, siempre han existido personas que desarrollaban el rol de cuidadoras. ¿Por qué hablamos ahora de este fenómeno? En las últimas décadas nuestra sociedad se caracteriza por ser más longeva, ha aumentado la esperanza de vida y la proporción de ancianos , respecto a otros grupos de edad, y también se han producido cambios sociales que limitan el apoyo familiar, debido a varios factores, como la incorporación de la mujer al mercado laboral, el descenso en el número de hijos e incluso el aumento de las personas que no los tienen, la inestabilidad laboral de los descendientes o su distanciamiento geográfico, entre otros. Estos cambios han impactado directamente en las estructuras familiares, lo que nos lleva a la reflexión y revisión del modelo de familia como principal agente social de cuidado y atención de personas dependientes.

Ahora tenemos nuevas formas de organización familiar y de convivencia, con un nuevo reparto de roles de sus miembros. Las personas cuidadoras se sienten más solas, aisladas y desorientadas dentro de unos entornos familiares más reducidos y con menos tiempo para el cuidado.

Ante esta situación ¿qué podemos hacer? Si tengo el síndrome del cuidador, primero, no sentirme culpable y, en segundo lugar, buscar apoyo, formación y recursos en mi comunidad.

Sònia Díaz Casado

Socióloga.

X

Regístrate y forma parte de Tu apoyo en red

¡Vamos!
Mano