Afrontar una Navidad distinta

Podemos centrarnos en todo lo que no podrá ser o bien asumir la realidad y centrarnos en lo que sí será posible

Una vez más se aproximan las fiestas de Navidad. Y este año lo hacen en el marco de una pandemia a nivel mundial con la que llevamos lidiando desde hace meses.  Una situación que nos ha puesto en contacto con la muerte y el sufrimiento y nos ha hecho más conscientes que nunca de nuestra propia fragilidad y vulnerabilidad y la de nuestros seres queridos.

Y precisamente, cuando nos sentimos más vulnerables es cuando necesitamos del otro, de su mirada, su contacto físico, su calidez y su disponibilidad.  Sin embargo, las restricciones y limitaciones, a las que nos hemos visto sometidos como consecuencia de esta excepcional situación, nos han privado del contacto y del apoyo de nuestros familiares y amigos, cuando no nos ha permitido estar junto a ellos en sus últimos días y decirles adiós.

Así pues, llegamos a esta época, a la que suelen asociarse experiencias y recuerdos positivos, con una mochila llena de experiencias dolorosas, miedo, ansiedad, incertidumbre y renuncias.

Aún así, hemos demostrado una gran capacidad para hacer frente a esa realidad, que jamás hubiéramos imaginado. Las personas mayores han aprendido a hacer videollamadas para seguir en contacto con sus hijos y nietos, y hemos creado grupos de WhatsApp para saludarnos y transmitirnos mensajes de ánimo. Como seres relacionales que somos hemos buscado alternativas para seguir vinculados y hemos encontrado un sentido: el de cuidarnos y protegernos entre todos porque formamos parte de la comunidad.

Es cierto que esta Navidad va a ser una Navidad diferente, aunque no sabemos aún hasta qué punto, ya que dependemos de la evolución de la situación de pandemia. Lo que sí sabemos es que continuaremos con medidas restrictivas, como por ejemplo reunirnos con un número limitado de personas para celebrar estas fechas.

Será una Navidad que poco se parece a la que habíamos imaginado, pero es la que nos toca vivir este año. Podemos centrarnos en todo lo que no podrá ser, lo cual incrementará nuestra impotencia y frustración, o bien asumir la realidad y centrarnos en lo que sí será posible. Esta segunda opción es la que nos ayudará a buscar alternativas para seguir conectados y celebrar juntos estas fiestas.

Podemos transmitir un mensaje de calma a los más pequeños haciéndoles comprender los motivos de esta Navidad diferente y pidiéndoles sugerencias para que nos ayuden con su imaginación y creatividad. Quizá es un buen momento para poner sobre la mesa nuestras inquietudes y preocupaciones, escucharnos, darnos permiso, sin juzgarnos, respetándonos y tratando de encontrar un consenso entre todos los miembros de la familia para prepararnos para estas fechas asumiendo los cambios. Anticiparnos y pensar con tiempo cómo vamos a organizarnos y de qué manera nos va a dar mayor sensación de control y nos va a facilitar la adaptación.

Este año son muchas las familias que han perdido algún ser querido y para ellas va a ser importante que cada miembro se de permiso para escucharse y compartir sus necesidades con el resto. Seguro que juntos encontrarán maneras de recordar y tener presentes a aquellos a quienes han perdido.

Psicóloga experta en duelo

Lola Cabrera

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