¿Cómo acompañar por el camino del duelo?

Se ha escrito mucho del duelo pero poco sobre cómo ayudar a avanzar a través de cada una de sus etapas

A mediados del siglo XX, la psicóloga suiza americana Elisabeth Kübler-Ross (8 de julio de 1926-24 de agosto de 2004), tras muchos años trabajando al lado personas en situación terminal, definió las cinco fases del proceso de duelo. Hay quien pasa por ellas más despacio y quien lo hace de manera más rápida. Pero todavía no me he encontrado en consulta a nadie capaz de aceptar la muerte de un ser querido sin pasar antes por los estadios anteriores.

Se ha escrito mucho acerca de cada una de las fases y bastante menos sobre cómo ayudar a avanzar a través de cada una de ellas. Es en esto último en lo que centraré este artículo, con la esperanza de que ayude a la hora de acompañar a amigos y familiares a lo largo de este proceso del que nadie escapa.

El duelo no empieza siempre tras la muerte. Lo hace en el momento que tomamos conciencia de que ésta se va a dar. A nadie le gusta dar malas noticias, aunque seamos profesionales entrenados para ello. Esto es conocido como efecto MUM, el intento de suavizar las malas noticias para evitar que se nos relacione con ellas, porque nos sentimos responsables del dolor que la información que nosotros transmitimos pueda causar a las personas que la reciben.

Quienes se adentran en el proceso de duelo sufren la etapa de la negación, por lo que recibir la información del modo más correcto posible nos será de gran ayuda a la hora de superar esta fase. Como profesionales, proteger en exceso, evitar hablar de la pérdida, esconder información o comunicarse con un lenguaje excesivamente técnico –por ejemplo, cuando se trata de una enfermedad- supone quitarle al enfermo y a su familia la oportunidad de gestionar la situación del modo que consideren más oportuno.

En este momento del proceso hay que intentar ayudar a entender la situación aun sabiendo que la respuesta, posiblemente, será una reacción de ira. Ver el cuerpo, hablar abiertamente de la enfermedad o de la pérdida son algunas de las conductas (dependiendo de cada caso) que pueden ayudar a dejar la negación atrás y empezar a enfadarnos por lo injusto de la muerte.

Creer que se podría haber actuado de otro modo, el arrepentimiento por algunas decisiones tomadas en el pasado, el enfado hacia el entorno, uno mismo e incluso, en ocasiones, hacia el fallecido son pensamientos frecuentes en esta fase. Pueden ser juicios, en cierto modo, lógicos pero exagerados, pero las víctimas de estos ataques suelen ser las personas más cercanas a la persona afectada, con quienes enfrentarse tiene un menor coste.

Llegados a este punto no intentaremos razonar, ya que se sentiría incomprendido, ni justificamos su enfado, porque se puede ser muy injusto en estas situaciones. Nos limitaremos a recoger su emoción y devolverla con un «entiendo que te entristezca la pérdida de… «. De este modo veremos cómo poco a poco el enfado se convierte en tristeza -es realmente difícil en algunas ocasiones diferenciarlos incluso para uno mismo-.

La siguiente fase suele ser la depresión. La sensación de vacío y la incapacidad para disfrutar de todo aquello que antes solía divertirnos son dificultades típicas de esta etapa. La persona se siente melancólica y tiende hacia el aislamiento.

Llagados aquí procuraremos favorecer situaciones que permitan la expresión de las emociones y realizar actividades de las que la persona solía disfrutar. No damos consejo ni preguntamos más allá de un «¿Qué tal?». Seremos tan solo una oreja para que se pueda expresar sin sentirse juzgado.

Manifestar como uno se siente, facilita la llegada por fin de la aceptación. No se trata de no sentir tristeza, se trata de ser capaz de volver a disfrutar de aquello con lo que solía hacerlo. El objetivo ahora es que lo que sienta dependa de lo que haga y lo que haga dependa de su voluntad, en lugar de estar sujeto a su estado de ánimo.

Aquí entendemos el duelo como superado y aquí lo deja Kübler-Ross. El reto, que no está al alcance de todos, es extraer de la pérdida una lección lo bastante valiosa como para llegar a entender el sentido de tanto sufrimiento. Por desgracia en esto no te puedo ayudar, de nada sirve que te explique lo que yo aprendí.

El final de este camino hay que recorrerlo sólo.

Xavier Savin

Psicólogo